miércoles, 6 de octubre de 2021

Doctrinas Bíblicas 12 - Doctrina de la Justificación


Clase 12
Doctrina de la Justificación

2 Corintios 5:17-21
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Hemos sido hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús, las cosas viejas ya pasaron, todo es hecho nuevo. Sin embargo, cuando recibimos a Jesús todo parecía ser igual exteriormente; teníamos el mismo pelo, los mismos ojos, el mismo cuerpo, pensábamos igual, sentíamos lo mismo; ¿dónde fue el cambio?

1 Tesalonicenses 5:23
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El hombre es un ser trino, tiene un espíritu, un alma y un cuerpo. Pero aunque son tres partes, el hombre es un solo ser.

El espíritu es la parte central del hombre, la verdadera persona. El alma es la parte mental del hombre, donde está su intelecto, sus pensamientos, sentimientos deseos y voluntad, el cuerpo es la parte exterior del hombre, donde se encuentran los sentidos físicos.

Podemos decirlo así: “El hombre es un espíritu que posee un alma y vive en un cuerpo.”

Al nacer de nuevo la parte de nuestro ser que se convierte en una nueva criatura es nuestro espíritu.

Romanos 12:2
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Nuestra alma no ha sido cambiada por eso debemos hacer algo con ella, debemos renovar nuestra mente con la Palabra de Dios.

1 Pedro 1:23
23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

1 Pedro 1:23 (Nuevo Testamento de Arcas y Fernández)
23 Por cuanto habéis nacido de nuevo, no de un padre mortal, sino de uno inmortal, mediante la palabra de Dios viva y permanente.
Hemos nacido de nuevo por la Palabra de Dios.

En Juan 3 Jesús habló con Nicodemo acerca del nuevo nacimiento:

Juan 3:1-8
1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Nicodemo no estaba entendiendo las palabras de Jesús, pensaba que Jesús le estaba hablando acerca de la reencarnación: por eso le preguntó si un hombre debía volver de nuevo al vientre de su madre y nacer, pero Jesús le estaba hablando de algo completamente diferente, del renacimiento del espíritu humano.

Efesios 2:1-10
1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
9 no por obras, para que nadie se gloríe.
10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Debido al pecado, estábamos muertos espiritualmente, es decir, separados de Dios. Pero Dios nos dio vida cuando hizo resucitar nuestro espíritu muerto y nos sentó en los lugares celestiales juntamente con Cristo.

Como vimos en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Jesús que nunca había pecado, tomó nuestro lugar y se hizo pecado por nosotros para que fuésemos justos delante de Dios.

Un pasaje muy conocido por todos nosotros es Romanos 3:23, que dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Este pasaje siempre lo usamos cuando predicamos, pero no nos damos cuenta de que lo estamos sacando de su contexto.

Romanos 3:21-26
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

El contexto de este pasaje es la justicia de Dios, la justificación ha sido provista gratuitamente por Dios a todos los hombres mediante la redención que es en Cristo Jesús, debido a que todos los hombres sin excepción son incapaces de salvarse por si mismos debido al pecado que es lo que los separa de Dios.

Esta palabra justificación significa sencillamente que Dios nos declaró inocentes e hizo justos no por nuestras propias acciones de justicia sino por medio de la obra de Cristo.

En 2 Corintios 5:19 vimos: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”
 
Es decir, Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo, no tomándole a los hombres sus pecados; y es lo que vemos en los versos 25 y 26 de Romanos, que por medio de la sangre de Jesús Dios manifestó su justicia, debido a que pasó por alto nuestros pecados pasados con el fin de manifestar su justicia.

No son nuestras propias acciones, no son nuestras obras de justicia. Como dice en Isaías 64:6: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia.”

No es nuestra justicia, pues ella es incapaz de alcanzar a Dios, ya que para el es como un trapo de inmundicia. La traducción literal se que nuestras propias justicias son para Dios como un trapo de menstruación usado.

En Romanos 5 vemos:

Romanos 5:17-19
17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Debido al pecado de Adán es que la condenación y la muerte espiritual reinaron en el mundo sobre todos los hombres, los cuales se volvieron pecadores; pero por medio de Jesucristo, los hombres han sido constituidos justos.
Ahora podemos caminar con la cabeza levantada, sin temor, culpabilidad ni condenación porque somos nuevas criaturas que han sido justificadas por Cristo.

Ya no eres un pecador ahora eres un justo.

Cuando Satanás te diga que eres un sucio pecador dile: “eres un mentiroso, yo soy justo delante de Dios.

Antiguamente yo decía: “Soy un pecador salvo por gracia”; pero ya no, ahora sé lo que soy, “soy un justo salvo por gracia.”

En Romanos 5:1 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Dios ya no tiene nada contra nosotros, estamos en paz con Él. En los versos del 8 al 11 amplia más esta idea:

Romanos 5:8-11
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

Ya no somos enemigos con Dios, la ira de Dios ya no está contra nosotros, por medio de la sangre de Cristo hemos sido justificados y reconciliados con Dios.

No, ya no son los pecados los que separan al hombre de Dios, es un solo pecado el que causa la separación, el no creer en Jesús; como dice en Juan 16:

Juan 16:8-9
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí.
Es por eso que el infierno está hoy lleno de personas cuyos pecados han sido perdonados, por un solo motivo, porque decidieron no creer en Jesús.

Pero nosotros, que hemos decidido creer en Jesucristo hemos recibido la justificación, es decir, hemos sido declarados inocentes y hechos justos,

martes, 5 de octubre de 2021

Doctrinas Bíblicas 11 - Doctrina de la Redención - Parte 2


Capítulo 11
Doctrina de la Redención - Parte 2

Continuemos hablando de la redención.

En Efesios 2:1-3 vemos las consecuencias del pecado del hombre: En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo.  Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás,  éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios(Nueva Versión Internacional).
 
El hombre estaba muerto, viviendo en pecado, siguiendo los deseos de su cuerpo y su alma, se había convertido en hijo de ira, es decir, condenado al infierno.
           
Por este motivo Dios tenía que preparar un plan para poder rescatar al hombre de su destrucción final; este plan de rescate es la redención.
           
En 1 Pedro 1:18-19 podemos ver claramente lo que significó nuestra redención: Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
 
Fuimos rescatados de la esclavitud del pecado mediante el pago de un precio, la preciosa sangre de Jesús.
 
Veamos las 4 palabras griegas que se encuentran en el Nuevo Testamento y que son muy importantes para poder entender nuestra redención.
 
1. AGORAZO
 
El término agorazo significa sencillamente comprar en un mercado; de manera más específica un mercado de esclavos; donde estos eran tratados peor que animales, siendo pateados, golpeados, molestados, comprados y vendidos; se les maltrataba para determinar cual era su temperamento.
 
Wuest dice acerca de esta palabra: La primera (palabra para redención) es agorazo (1 Corintios 6:20), que significa comprar en un mercado de esclavos). Éramos esclavos del pecado. El precio de nuestro rescate fue pagado por Jesús, Su preciosa sangre. Pedro dice en su primera epístola (1:18) que no fuimos redimidos con las pequeñas monedas de plata y oro que se usaban para comprar un esclavo y sacarlo de la esclavitud, sino con sangre preciosa y grandemente honrada, de un cordero sin sangre ni contaminación, la sangre de Cristo. Además, los creyentes se han vuelto esclavos de nacimiento del Señor Jesús por derecho de compra. La palabra doulos, esclavo de nacimiento en Romanos 6:18, se refiere a uno nacido en esclavitud.
 
Antes de venir Jesús, Satanás tenía el control del mercado de esclavos; ahora hemos sido redimidos; pero las personas que rechazan a Jesús siguen en ese mercado.
 
Veamos Romanos 6:17-20 para ver esto de manera más clara: Pero gracias a Dios, ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina que les ha sido transmitida y ahora, habiendo liberados del pecado, han llegado a ser esclavos de la justicia. Voy a hablarles en términos humanos, teniendo en cuenta la debilidad natural de su carne. Si antes entregaron sus miembros físicos, haciéndolos esclavos de la impureza y de la iniquidad cada vez mayor, pónganlos ahora al servicio de la justicia que lleva a la santificación. Porque cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres con respecto de la justicia (Biblia Expandida).
 
Este pasaje nos da una idea muy clara de lo que pasaba antes de conocer a Jesús, estábamos en ese mercado de esclavo; esclavizados completamente al pecado; pero al recibir a Jesús y nacer de nuevo hubo un cambio; fuimos quitados de ese mercado y dejamos de ser esclavos del pecado; ahora somos esclavos de la justicia.
 
Como dice en 1 Corintios 6:20 ya hemos sido comprados: Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios (Nueva Biblia de los Hispanos).
 
La Biblia en Lenguaje Sencillo lo coloca de esta manera: Cuando Dios los salvó, en realidad los compró, y el precio que pagó por ustedes fue muy alto. Por eso deben dedicar su cuerpo a honrar y agradar a Dios.
 
Hemos sido comprados y rescatados del pecado; ahora tenemos un nuevo amo, al cual debemos honrar, agradar y glorificar, a Dios.
 
En Efesios 2:2 vemos cual era nuestra condición antigua: En los cuales anduvisteis [de manera continua] en otro tiempo, siguiendo las corrientes y modas de este mundo [están bajo el vaivén de las tendencias de esta edad], conforme al príncipe de la autoridad del aire (la atmósfera inferior), [son obedientes y están bajo el control de] el espíritu [demoníaco] que ahora está operando en los hijos de desobediencia [los indiferentes, rebeldes, e incrédulos que están en contra de los planes y propósitos de Dios] (Biblia Expandida).
 
Ya no vivimos bajo las corrientes ni modas de este tiempo, ni tampoco esclavizados bajo el dominio de Satanás ya hemos sido hechos libres.
 
Ya hemos sido comprados y hecho libres.
 
Como dice en 1 Corintios 7:23: Ustedes fueron comprados por un precio;  no se vuelvan esclavos de nadie” (Nueva Versión Internacional).
 
Somos libres por el pago de la Sangre de Jesús hace 2000 años por nosotros, así que no nos dejemos esclavizar por nadie.
 
2. EXAGORAZO
 
Este término griego significa ser removido o quitado del mercado de esclavos, sacado para ser hecho libre, rescatado de la perdición.
 
Wuest nos dice de esta palabra: La segunda palabra que Pablo usa (para redención) es exagorazo; el comprar a un esclavo sacándolo del mercado. El esclavo de nacimiento del Señor Jesús es comprado no solo para ser su esclavo, sino que es comprado para salir del mercado de esclavos, para nunca volver a ponerlo en venta en ningún mercado de esclavos. Se vuelve esclavo del Señor Jesús por el tiempo y la eternidad.”
 
En Gálatas 3:13 podemos ver la aplicación de esta palabra: Cristo compró nuestra libertad [redimiéndonos] de la maldición (el destino funesto) de la Ley [y su condenación] por [Si mismo] al hacerse maldición por nosotros, como está escrito [en las Escrituras], Maldito todo el que es colgado de un árbol (es crucificado) (Biblia Amplificada).
 
Nuestro precio no fue el de un esclavo barato; Jesús dio todo lo que tenía, su vida misma.
 
En Gálatas 4:3-5 volvemos a ver esta palabra: Así también nosotros, cuando éramos menores de edad (en la etapa de niñez), estábamos permanentemente sometidos a la esclavitud (servidumbre) de las leyes, las normas y los principios del mundo en que vivimos. Pero cuando llego la plenitud (el cumplimiento) de los tiempos [, es decir, el día señalado por Dios], Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido en sujeción a [las reglas y regulaciones de] la Ley, para redimir (pagar el rescate y liberar) a los que estaban sujetos a la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos [y podamos ser colocados en nuestra posición de hijos adultos] (Biblia Expandida)
 
Cristo nos redimió para llevarnos de una posición de esclavos del pecado a hijos de Dios.
 
3. LUTROO
 
Lutroo significa simplemente el pagar un rescate.
 
Wuest dice de esta palabra: La tercera palabra (para redención) es lutroo (1 Pedro 1:18, Tito 2:14). El sustantivo teniendo misma la raíz quiere decir “el dinero del rescate usado para liberar a un esclavo”. El verbo quiere decir: “liberar por el pago de un rescate.” El esclavo del Señor Jesús ha sido liberado de su primera esclavitud para pecar, para lograr en su vida aquello que para lo cual fue creado por Dios, para glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre. 
 
En 1 Pedro 1:18-19 dice: Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir,  la cual recibisteis de vuestros padres,  no con cosas corruptibles,  como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,  como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”
 
En Tito 2:14 dice: Que se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y para purificar para sí un pueblo escogido, celoso por hacer el bien (EUNSA).
 
Jesús nos redimió de toda iniquidad, para que pasemos de nuestro antiguo amo el diablo a nuestro nuevo amo Jesucristo, y podamos así tener comunión y servir a Dios.
 
4. APOLUTROSIS
 
Apolutrosis significa rescatar completamente, liberación, salvación, redención total.
 
Wuest nos dice de esta palabra: La palabra redención es apolutrosis que Thayer define como sigue: ‘el redimir a uno pagando un precio, hacer que uno salga libre por recibir un precio’; el sustantivo, ‘la liberación efectuada por el pago de un rescate, liberación, libertad conseguida por el pago de un rescate.’”
 
En Efesios 1:7 dice: En quien tenemos redención (liberación, salvación y rescate) a través de su sangre, la remisión (perdón y libertad) de nuestros pecados (faltas y transgresiones), según las [abundantes] riquezas de su gracia (el favor y la buena voluntad de Dios hacia nosotros) (Biblia Expandida).
 
En Romanos 3:24 dice: “Justificándose gratuitamente por su gracia, por la redención la en Cristo Jesús (La Biblia de las Américas).
 
Hemos sido justificados gratuitamente por la gracia de Dios por medio de la redención que tenemos en Cristo Jesús..
 
Podemos ver estas 4 palabras de esta manera:
 
1. Agorazo - Jesús nos encontró en nuestra esclavitud
 
2. Exagorazo - Jesús nos sacó de ella
 
3. Lutroo - Jesús pagó nuestra rescate
 
4. Apolutrosis - Jesús nos restauró cómo hijos de Dios
 
Ahora vivimos en un nuevo reino debido a la redención que tenemos en Cristo tal como dice Colosenses 1:13: Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Nueva Versión Internacional).
 

domingo, 3 de octubre de 2021

Doctrinas Bíblicas 10 - Doctrina de la Redención


Capítulo 10
Doctrina de la Redención

La doctrina de la redención es una de las mas importantes en la Biblia pues nos habla de la obra que Jesús hizo en la cruz para librarnos de la esclavitud del pecado y sus consecuencias.

En un capítulo anterior vimos como es que el hombre pecó y como consecuencia de ello murió espiritualmente.

En Romanos 5:14, 18-19 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. . .Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Debido al pecado de Adán, todos los hombres murieron espiritualmente y luego físicamente; los hombres se convirtieron en pecadores, pero por la obra de Jesús fueron hechos justos.

En Juan 8:44 vemos que la misma naturaleza del hombre fue cambiada y se convirtieron en hijo del diablo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

El hombre que había sido creado para tener a Dios como Padre ahora tenía un nuevo padre que era el diablo.

En Efesios 2:1-3 vemos las consecuencias de esa transformación: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

El hombre estaba muerto, viviendo en pecado, siguiendo los deseos de su cuerpo y su alma, se había convertido en hijo de ira, es decir, condenado al infierno.

Por este motivo Dios tenía que preparar un plan para poder rescatar al hombre de su destrucción final; este plan de rescate es la redención.

En La Enciclopedia (Salvat Editores) el término redención se define así: “Acción y efecto de redimir o redimirse. Cumplimiento de condena. En derecho, es el acto que libera al deudor de alguna obligación, mediante su pago, o de los gravámenes que pesan sobre una cosa, cancelándolos mediante la restitución del dinero recibido a cambio. Teológicamente; en sentido puramente religioso, liberación del hombre del sometimiento a poderes sobrenaturales extraños.

Sigue definiendo: “Teológicamente, en una perspectiva cristiana, la redención del hombre es obra personal de Cristo, realizada a través de su muerte y de su resurrección. En cuanto causa de esta liberación o salvación, Cristo es redentor. El concepto de redención añade al de salvación la idea complementaria de un precio a pagar. Tal precio es la muerte de Cristo en la Cruz. El redimido lo es del pecado, concebido por el alejamiento de Dios, o pecado original".

Para poder dar una idea mas clara, veamos también la definición del término redimir: “Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante un precio. Librar de una obligación o extinguirla. Figurativamente; poner término a algún vejamen, dolor penuria u otra adversidad o molestia. Comprar de nuevo alguna cosa que se había vendido, poseído o tenido por alguna razón o titulo".

Las definiciones de la enciclopedia nos dan una idea muy clara de lo que es la redención. A través de ella es que fuimos hechos libres de la esclavitud del pecado y de Satanás.

En 1 Pedro 1:18-19 podemos ver lo que significó nuestra redención: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

El precio para ser rescatados de la esclavitud de Satanás y de la paga del pecado fue la sangre de Cristo.

¿Por qué era importante la sangre?

Cuando hablamos acerca de la caída del hombre vimos dos cosas, Dios prometió un Mesías y además mató dos animales para cubrir con sus pieles la desnudez de su cuerpo y con su sangre cubrir su pecado.

Es en Génesis 3:15 donde Dios nos da el primer indicio del plan de redención: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

Aquí esta diciendo que la simiente de la mujer vencería y la simiente de la serpiente, es decir, de la consecuencia del pecado producido por la desobediencia.

Como vimos en la doctrina de Jesucristo, Él es la simiente de la mujer, quien nació por obra y gracia del Espíritu Santo, sin el concurso de un hombre.

En Génesis 3:21 vemos que Dios tuvo que matar animales para cubrir a Adán y Eva; lo que estaba mostrando era el método por el cual los pecados eran cubiertos.

En Hebreos 9:22 vemos que el perdón de pecados viene con el derramamiento de sangre: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”

En Génesis 4:1-7 podemos ver esto: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

En la historia de Caín y Abel vemos cual es la ofrenda que Dios acepta. Abel era un labrador y trajo del fruto de su trabajo, de la obra de sus manos, es decir, quiso agradar a Dios por medio de sus acciones. Abel trajo lo mejor que tenía, sus primogénitos y los animales más gordos.

Si Caín entregaba del fruto de la tierra, los vegetales iban a seguir dando frutos, por ejemplo, si traía manzanas, el manzano iba a seguir dando manzanas. Pero Abel, al matar sus animales, estos no iban a reproducirse más.

Dios rechazó la ofrenda de Caín, pues esa era la ofrenda de la religión, agrado a Dios con mis obras. Pero Abel dio una ofrenda de fe, sacrificó sus ovejas, derramó sangre para justificarse, por eso su ofrenda fue agradable a Dios.

En Hebreos 11:4 se da testimonio de la fe de Abel: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.”

En el capitulo 12 de Éxodo podemos leer la institución de la pascua, en la cual se sacrificaba un cordero por familia.

Leamos los versos 3,5,6 y 7: “Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.... El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.

La pascua fue instituida con ocasión de la plaga de la muerte de los primogénitos en Egipto. Cada familia debía sacrificar un cordero para que los primogénitos no fueran muertos por el ángel de la muerte que iba a pasar por todas las casas. En la casa en la que viere la señal de la sangre en la puerta no iba a suceder nada, pero si no estaba la sangre, el primogénito moriría.

Vemos aquí que la sangre era derramada por la salvación del primogénito.

En Levíticos 4:13-21 como la sangre era derramada por el pecado del pueblo: “Si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el yerro estuviere oculto a los ojos del pueblo, y hubieren hecho algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y fueren culpables; luego que llegue a ser conocido el pecado que cometieren, la congregación ofrecerá un becerro por expiación, y lo traerán delante del tabernáculo de reunión. Y los ancianos de la congregación pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro delante de Jehová, y en presencia de Jehová degollarán aquel becerro. Y el sacerdote ungido meterá de la sangre del becerro en el tabernáculo de reunión, y mojará el sacerdote su dedo en la misma sangre, y rociará siete veces delante de Jehová hacia el velo. Y de aquella sangre pondrá sobre los cuernos del altar que está delante de Jehová en el tabernáculo de reunión, y derramará el resto de la sangre al pie del altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo de reunión. Y le quitará toda la grosura y la hará arder sobre el altar. Y hará de aquel becerro como hizo con el becerro de la expiación; lo mismo hará de él; así hará el sacerdote expiación por ellos, y obtendrán perdón. Y sacará el becerro fuera del campamento, y lo quemará como quemó el primer becerro; expiación es por la congregación.

En el capítulo 16 de Levíticos se habla acerca del Gran Día de Expiación por los pecados del pueblo de Israel. Una vez al año era sacrificado un macho cabrío por los pecados del pueblo.

Como dice el verso 34: “Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel.

El término expiación en La Enciclopedia (Salvat Editores) significa: “Acción y efecto de expiar.” El término expiar significa: “Borrar las culpas; purificarse de ellas por medio de un sacrificio. Sufrir por el delincuente de una falta o delito la pena impuesta por los tribunales.

Eso era lo que pasaba en el Día de la Expiación; la culpa del pueblo pasaba al animal que iba a ser sacrificado y los pecados del pueblo eran cubiertos por una año; por lo que cada año debía repetirse este sacrificio.

En Hebreos 10:1-4 vemos la imperfección de estos sacrificios: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.”

Nuevamente, la sangre de los animales sacrificados no quitaba el pecado, simplemente los cubría durante un año, al final del cual debía sacrificarse otro animal por los pecados del pueblo de ese año.

Notemos lo que dijo Juan el Bautista en Juan 1:29: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Dios se había provisto de un cordero que iba a quitar el pecado del mundo; a Jesús, Su Hijo unigénito.

A Dios no le había tomado por sorpresa la traición de Adán y la necesidad de la redención del hombre; en Apocalipsis 13:8 vemos que Jesús fue sacrificado desde la fundación del mundo: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

Jesús vino con un propósito a este mundo, para rescatarnos del pecado y quitar de una vez y para siempre nuestros pecados.

Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:6-10).

Los sacrificios del Antiguo Testamento eran tipos y sombras del sacrificio de Jesucristo. Una vez sacrificado por nosotros ya no hay necesidad de otro sacrificio, Él ya nos redimió del pecado.

Como dice en 2 Corintios 5:21, Jesús se hizo pecado por nosotros, tomó nuestra naturaleza para poder hacernos justos delante de Dios: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Por tanto, ya fuimos redimidos del pecado y sus consecuencias.

En Isaías 53:4-5 podemos ver que en la redención Jesús no solo tomo nuestros pecados sino también nuestras enfermedades: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Aquí Isaías, ochocientos años antes de la muerte expiatoria de Jesús nos da una imagen de la doble obra que haría en la cruz. Él no solo iba a morir por nuestros pecados sino también por nuestras enfermedades.

Una parte importante de la obra de redención es la sanidad de nuestros cuerpos.

En 1 Pedro 2:24, el apóstol reafirma la importancia de la sanidad de nuestros cuerpos en la obra de la redención: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis curados.”

En estos pasajes vemos la doble obra de la redención: El perdón de pecados y la sanidad de nuestros cuerpos. Ambas van de la mano; Dios colocó la salvación y la sanidad en un mismo paquete. En la cruz Jesús pagó el precio de nuestra salvación y sanidad. Ahora depende de nosotros recibirlas.

Otro asunto importante en cuanto a la redención se encuentra en Gálatas 3:13 donde dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).”

Hace años leí el libro Redimidos del Hermano Kenneth Hagin, el cual me dio mucha luz acerca del tema.

En Deuteronomio 28:15-68 nos habla acerca de la maldición de la ley. En este pasaje muestra que parte de la maldición de la ley era la muerte espiritual, la pobreza y la enfermedad. Incluso el divorcio y la pérdida de la familia son parte de esta maldición.

Leamos algunos versos para ver de que consta esta maldición:

Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y Jehová enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas. Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra. Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante. Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu; y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. Te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás. Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado de delante de ti, y no te será devuelto; tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te las rescate. Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano. El fruto de tu tierra y de todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste; y no serás sino oprimido y quebrantado todos los días. Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado” (vs. 15-35).

Y la lista de maldiciones continúa.

Esta lista es muy fuerte y terrible, y en la historia podemos ver que el pueblo de Israel sufrió estas calamidades por no cumplir con la ley.

Cristo para poder rescatarnos de estas cosas tuvo que hacerse maldición por nosotros, tuvo que tomar nuestro lugar.

Hemos visto que Él se hizo pecado y enfermedad por nosotros, el tomo nuestro lugar en la cruz.

En 2 Corintios 8:9 dice que Él se hizo pobre por nosotros: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”

¿Cuándo es que se hizo pobre por nosotros?

Durante su ministerio, Jesús no pasó por necesidades, nunca le faltó que comer, que vivir donde alojarse.

Viajó mas de tres años con una comitiva de entre doce y setenta y dos personas a los cuales Él tuvo que suplirles todas sus necesidades.

Tenia un tesorero (Judas) que llevaba una bolsa con suficiente dinero para que cuando robase (como era su costumbre), nadie se diese cuenta.

En Lucas 8:1-3 dice que muchas mujeres importantes le servía con sus bienes: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.”

Notemos la actitud y las palabras de Jesús cuando María de Betania derramó el perfume carísimo sobre Él: “Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.” (Marcos 14:3-7).

El valor de este perfume era de 300 denarios; un denario era el salario de un día de trabajo, entonces quitando domingos y feriados, 300 denarios era el salario de un año de trabajo; aquí en el Perú son unos 10,200 soles, usando como salario mínimo mensual 850 soles.

Cuando Jesús vio que derramaban el perfume sobre Él, ni se inmuto, no le desagrado el asunto, dijo que era una buena obra. Si hubiera sido pobre la hubiera chocado ese desperdicio de dinero.

Además dijo: “A los pobres siempre los tendréis, más a mi no.” Jesús hizo una diferencia entre los pobres y Él. Jesús les dijo: “Yo no soy pobre, soy rico.”

Hay mucha más evidencia de las riquezas terrenales de Jesús, solo debemos escudriñar las escrituras quitándonos los anteojos religiosos que nos dicen que Jesús fue pobre.

Pero entonces, ¿cuándo se hizo pobre?

En la cruz, a Jesús le quitaron todo, recuerden que los romanos antes de crucificarlo rifaron sus vestidos y dividieron su manto.

Jesús no fue crucificado con el taparrabo con el que se ve en las películas sino completamente desnudo, murió sin tener nada.

En esa cruz fuimos redimidos de la pobreza.

Podemos concluir que la redención nos trajo bendiciones espirituales y materiales, fuimos redimidos del pecado y la muerte espiritual, de la pobreza y la enfermedad.

sábado, 2 de octubre de 2021

Doctrinas Bíblicas 9 - La Doctrina Acerca de Jesucristo - Parte 3


Capítulo 9
La Doctrina Acerca de Jesucristo - Parte 3

4. Muerte y Resurrección de Jesús

La verdad más importante del evangelio es la resurrección de Jesús.

El Apóstol Pablo lo dice en 1 Corintios 15:12-19: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

La fe en la resurrección de Jesús es la clave para nuestra salvación.

Pero vayamos a la muerte de Jesús para ver esta verdad.

Desde el mismo momento de la creación ya se sabia que Jesús iba a venir a este mundo para morir por nosotros. “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8).

En Génesis 3:15 vemos la primera referencia de la muerte del Mesías por la humanidad: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

En Isaías 53: 1-12 se ve claramente la misión de Jesús, morir por los pecadores. Veamos los versos 11 y 12: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”

Jesús venía al mundo para llevar nuestro pecado y justificarnos ante Dios.

En Daniel 9:24-27 se encuentra la profecía de las 70 semanas. En el verso 26 encontramos una referencia a la muerte de Jesús: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí. . . .

Ya desde el Antiguo Testamento estaba anunciada la muerte de Jesús por nosotros.

Jesucristo mismo en varios pasajes habló de su misión en la tierra y que su fin era morir por nuestros pecados.

En Juan 3:14-15 Jesús habla de esto: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Aquí Jesús esta haciendo referencia a Números 21:4-9, cuando Moisés tuvo que construir una serpiente de bronce para que se salvase todo aquel que la veía.

Jesús estaba diciendo que el también iba a ser levantado en una cruz para que todo aquel que crea en Él alcance la salvación.

En Juan 16:28 Jesús hizo esta declaración: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.”

Él Sabía claramente de donde había venido y a donde iba, no tenía la menor duda de cual era su misión.

En Mateo 16:21 Jesús empezó a decirles que el iba a morir y resucitar al tercer día: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Esta verdad no les entraba a la cabeza y el tuvo que decírselas varias veces: “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Mateo 18:31-34).

En realidad, como veremos luego, ellos no entendieron hasta después de la resurrección cuando se presentó ante ellos.

Ya desde el principio de su ministerio Jesús había estado hablando de su muerte y resurrección: “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:19-22).

Al cabo de los tres años y medio del ministerio público de Jesús, conforme a lo que Jesús le dijo a sus discípulos fue a Jerusalén para morir por nosotros.

Es significativo que el fue en el tiempo de pascua donde se sacrificaba el cordero por los pecados del pueblo.

Recordemos que en Juan 1:29 cuando Juan el Bautista vio a Jesús dijo: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

En Lucas 22:19-20 Jesús le dijo a sus discípulos que Él estaba entregando su cuerpo y su sangre para instaurar el Nuevo Pacto: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”

En Juan 10:17-18 vemos que nadie le quitó la vida a Jesús sino que el la entregó de su propia voluntad por nosotros: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Justo antes de ser entregado por Judas, mientras oraba en el monte de Getsemaní, Jesús pudo haber evitado su muerte, pero el decidió entregar su vida por nosotros. “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:39-42).

Había una copa por la que Jesús tenía que pasar, el debía morir por nosotros.

Después de ese pasaje vemos como llegó Judas para traicionarlo y entregarlo a la multitud que venía para apresarlo.

Vemos que Jesús fue enjuiciado, golpeado, azotado, humillado y finalmente condenado a morir de la manera más humillante, la muerte de cruz.

El propósito de esa muerte era tomar nuestro lugar y pagar el precio de nuestro pecado. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

En esa cruz, Jesús se hizo pecado por nosotros, tomó nuestra naturaleza, y murió espiritualmente, como dice en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Como resultado de esto por primera vez en su vida se rompió su comunión con el Padre y por primera vez lo llama Dios. Es por eso que en Mateo 27:46 Él gritó: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Ese fue el momento más duro por el que pasó Jesús; algo más grande que los sufrimientos y dolores por los golpes y la crucifixión, el estar alejado de Dios, el morir espiritualmente.

De ahí a poco es que murió físicamente, como dice el verso 50: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.”

Juan nos da más luz acerca de la muerte física de Jesús en Juan 19:31-37: “Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron” (Salmo 34:20, Zacarías 12:10).

Según la ciencia médica, como escribe Josh Mc Dowell en su libro Evidencias que Exigen un Veredicto, el hecho de que sangre y agua salieran del costado de Jesús al momento que le atravesó la lanza del soldado, significa que su corazón había explotado y que ya había muerto.

¿Qué pasó entre los tres días de su muerte y su resurrección?

En Efesios 4:9-10 dice que Jesús descendió a las partes mas bajas de la tierra: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”

Las partes mas bajas de la tierra son el hades, el gehena y el tártaro.

El hades es el lugar intermedio entre la muerte y la condenación eterna. Antes de la resurrección constaba de dos partes que eran el paraíso (o seno de Abraham) y el abismo, que aún subsiste.

El gehena es el infierno mismo de fuego y azufre, que será estrenado por Satanás, el anticristo y el falso profeta.

Y el tártaro es el lugar donde están los espíritus encadenados que se habla en 2 Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.”

En cuanto a la separación entre el paraíso y el hades, podemos ver esto claramente en la historia de Lázaro y el pobre.

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:19-31).

Ante todo esta historia no es una parábola, ya que las parábolas nunca utilizan nombres propios; esto es un acontecimiento real. Aquí vemos que ambos, el rico y Lázaro mueren y se van al Hades; pero cada uno va a un lugar diferente, Lázaro va al Paraíso y el rico se va al abismo.

Esta era la situación anterior a la resurrección de Jesús; estaba el tártaro donde estaban los espíritus encadenados y el hades que constaba de dos partes.

En 2 Pedro 3:19-20 vemos que Jesús descendió al tártaro y le predicó a los espíritus encarcelados: “En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Vemos que también descendió al abismo, pues en Colosenses 2:14-15 dice: “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”

Y también estuvo en el paraíso, pues en Efesios 4:8 dice: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.”

¿Qué era la cautividad? Eran los santos del Antiguo Testamento que esperaban en el seno de Abraham la venida del Mesías.

Es interesante ver que en Lucas 16 el paraíso se encontraba en el Hades pero en 1 Corintios 12:2-4 se encuentra en el tercer cielo: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

En Colosenses 2:15 cuando dice que exhibió públicamente a los principados y potestades, nos da la idea de un desfile triunfal, que era el que daban los ejércitos romanos, cuando volvían a Roma después de conquistar una ciudad. Jesús también llegó al Cielo con un desfile triunfal llevando a los santos cautivos del Antiguo Testamento al Cielo.

En Efesios 1: 19-21 nos dice lo que pasó ese día: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.”

Dios mismo sacó a Jesús de la muerte y lo hizo resucitar al tercer día.

Veamos la escena de la resurrección: “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron” (Marcos 16:1-6).

La tumba esta vacía, ¡Jesús ha resucitado!

En Hechos 1:1-3, Lucas nos dice que Jesús resucitó y se le presento a varias personas: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”

En 1 Corintios 15:3-8 Pablo nos da una lista de personas a las que se les presento Jesús después de su resurrección: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Pablo dice que más de 500 personas vieron a Jesús resucitado, pero no solo eso, sino que muchos de los que lo vieron aún vivían y podían dar testimonio de su resurrección.

Con su resurrección Jesús demostró que era el Hijo de Dios que vino para salvarnos de nuestros pecados.

La resurrección es la base de nuestra fe.